El escritor tóxico

Todos los aficionados y profesionales que se encuentran en este apasionante mundo de la literatura habrán podido leer artículos, más o menos bien escritos, cargando contra la figura del editor o directamente contra lo que supone una editorial. Pocos son los escritos que ensalzan esta profesión, y pocos son los que hacen hincapié en diferenciar las editoriales de las pseudoeditoriales (aquí un buen vídeo del escritor Javier Miró hablando de editoriales piratas) que sólo sirven como plataformas para la autopublicación.

En este sentido, el sector que más ataca a las editoriales son los autores que aún no han publicado nunca con una editorial o han sido pasto de estas plataformas de autopublicación. Lo primero que llama la atención es que sin haber publicado con una verdadera editorial posean ese rencor (en algunos casos casi roza el odio) hacia ellas, pues no han sido capaces de constatar como trabajan. Los llamo autores tóxicos.

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Estas son mis manos tecleadoras tóxicas

Estos escritores se lamentan una y otra vez de las negativas que reciben por parte de las editoriales, ya sea de los silencios recibidos o de las contestaciones que entran en las razones de dicha negativa. Por experiencia ya sabemos que el autor tóxico acribilla al editor con mensajes de apremio para que lea su obra, y cuando les llega la contestación negativa no se vuelve a saber de ellos, ni tan siquiera un mísero acuso de recibo. El editor debe entender por su silencio, ese que tanto lamenta este tipo de escritor cuando se lo hace una editorial, que ha recibido la contestación. Lo que se puede llamar frustración manifestada en un mal educado silencio.

Pero…  para sorpresa del editor, la situación no acaba ahí, pues al tiempo acaba descubriendo que el autor tóxico usa su blog o web personal para poner a parir a la editorial, dando una visión sesgada, mentirosa y calumniosa de la realidad. Cuelga extractos de conversaciones privadas con partes eliminadas o trucadas, cambia el nombre de las obras de la editorial para hacer mofa pública (hubo un necio que incluso puso el nombre de una de las librerías con la que la editorial trabaja creyendo que era el de una obra, ¡olé!) y critica a los demás libros que conforman la editorial. Nótese que el autor tóxico se queja de que no se valora su escrito, pero él ataca la obra de otros sin haberla leído, buscando hacerse el listillo ante sus amigos (los únicos que entran en su blog). El enfado no les deja ver que tan sólo un par de meses antes quería pertenecer a esa editorial con esos títulos que para él son ahora lamentables… en fin.

Si eres un autor tóxico que no se deja aconsejar y que vive en su nube, sólo tengo una cosa que decirte, que los autores con los que tengo el placer de trabajar son mucho más profesionales que tú, que son mucho mejores escritores que tú, que se han formado, que han escuchado y por eso han publicado. Tú no.

La banalización de “lo nazi”

Parece que la palabra nazi se puede aplicar para todo tipo de situaciones o para describir a aquellas personas o grupos de personas que por pensar diferente pueden recibir dicha catalogación. Probablemente el mejor ejemplo sea el vocablo “feminazi”, término popu-larizado por aquellos que piensan que hay grupos de feministas tan extremas que alcan-zan posturas nazis. O cuando el presidente turco Erdogan acusó al gobierno holandés de nazi y fascista.

Otro tipo de banalización es tomarse a mofa los movimientos nazis. Ejemplos de ello son la conocida página de Facebook y cuenta de Twitter “cabronazi”, las parodias sobre el discurso de Hitler en la película “El hundimiento” o los memes sobre nazis. Quizás to-marse a broma a los nazis no sea peligroso, pero sí que puede llevar a subestimar el poder que pueden alcanzar dichos grupos en el futuro, e incluso menospreciar el peligro que representan, y todo el daño que causaron en el pasado.

Me interesa, sin embargo, centrarme en los primeros ejemplos, el “todo es nazi”. Esta postura es preocupante, porque tras ella se encierra una verdadera intencionalidad de banalizar las posturas que los nazis defendieron y defienden. Lo primero es concretar qué define a un nazi y a los grupos nazis. Para ello se puede establecer una serie de pun-tos comunes:

-Exaltación del pasado patriótico y recuperación de la “gloria pasada”.

-Superioridad racial (lo que implica una raza no mezclada y la aceptación de la xeno-fobia y la expulsión del país y el asesinato de las personas de otra nacionalidad, religión, o raza).

-Rechazo de la democracia (lo que lleva a la expulsión del país o al asesinato del que piensa diferente).

-Rechazo del capitalismo y el comunismo.

Todo ello se asienta en dos grupos de acción:

-Creación de un partido político que aparentemente sigue las normas y cauces demo-cráticos.

-Creación de grupos violentos organizados (una especia de milicia) con una estructura similar a la militar para imponer su voluntad en las calles y que ayuda al partido político a alcanzar el poder.

Berlin, Horst Wessel mit 34. SA-Sturm

Las SA, la milicia nazi.

Se apoyan en:

-Intelectuales o personas con formación, por lo general humanística, que refuerzan la ideología nazi con diferentes teorías históricas, antropológicas,…

-Apoyo de periodistas y medios de comunicación afines que minimizan lo hechos que ocurrieron en el pasado (Alemania nazi, Italia fascista o España franquista), confun-diendo el presente definiendo cómo nazi cuestiones que no lo son, equiparando ideolo-gías totalmente diferentes para desorientar a la población, etc…

Teniendo en cuenta estos puntos básicos (podrían añadirse más), no es difícil desmontar esas analogías nazis comentadas al comienzo: no, las feministas no son nazis; no, el gobierno holandés no es nazi. Si a lo explicado le añadimos la falta de respeto que estas comparaciones suponen para los millones de víctimas de los nazis así como para los millones de soldados soviéticos, británicos, norteamericanos,… que lucharon con denue-do por la libertad, entendemos la gravedad de esta moda de banalizar “lo nazi”.

Escribes o tuiteas

Si hay de algún tema que se hable, y del que hable más gente, en el mundo editorial es la importancia de la red que un autor posea, ya sea a través de las redes sociales o personales. Y observo con estupor que una gran cantidad de autores que están comenzando creen que el número de seguidores es lo importante para llegar a publicar. Lo leen en artículos compartidos en redes sociales, lo ven en canales de Youtube. Lógicamente nunca van charlas a hablar con escritores más consolidados o con editores que no pertenecen a las grandes editoriales.

Pero la verdad es que dicha idea está calando y todos los que trabajamos en este mundo estamos cayendo poco a poco, sin querer, en esta mentira que, cómo he dicho, ya ha atrapado a los nuevos escritores. No debemos olvidar la gran verdad, y es que los seguidores que una persona cuente en Twitter o en Youtube aún no determina la calidad del manuscrito que dicha persona envía a una editorial. Sencillo.

Incluso sabiendo eso, me gustaría pararme en el porqué de esta no verdad que cada vez se torna más constatable. La mayoría se queda en las consecuencias, y se comenta que las grandes editoriales buscan un nombre, da igual si ya es un escritor consagrado, un famoso en cualquier actividad (televisión, deportes, ciencia,…) y ahora un tuitero o youtuber. Es cierto, las grandes editoriales lo están haciendo, y sólo ellas lo pueden hacer, pues una editorial mediana o pequeña no se lo puede permitir. Su solidez y creencia como editorial depende de su catálogo. Él es su seña de identidad. Los libreros la cuidarán o no por el mismo, las distribuidoras la respetarán o no por el mismo.

Pero ¿por qué las grandes lo hacen? ¿Cuáles son las causas que tan poco se analizan? Las grandes editoriales hace mucho que perdieron la capacidad de poder crear un éxito por ellos mismos con la frecuencia con la que lo hacían antes, y se ven obligados a mirar fuera de la literatura para recalibrar sus cuentas de resultados. Las memorias de un futbolista, las opiniones de una twitera cuyo nombre real no se conoce, un libro incalificable de un youtuber-gamer, o la novela de una tertuliana del corazón.

interior-libro-youtuber

Interior de la obra de un youtuber.

Sabiendo que estas son las causas, es ahí donde deberíamos pararnos todos los profesionales del mundo editorial, pero ya he dicho que eso no es lo que está ocurriendo, sino que nos quedamos embelesados con que ese libro funciona porque la gente lo conoce. Y claro, como no todos pueden ser futbolista, tertuliano, cantante, tuitero o youtuber, pues venga, a fichar a aquellos que quieren ser escritores y que tengan muchos seguidores en cualquier red social. Pero ese no es el camino para quien es o quiere ser escritor. Un escritor escribe, no es nada de las profesiones u ocupaciones anteriores. Está bien que tenga Twitter o Facebook, pero nunca debe ser su piedra angular sobre la que cimentar su carrera. Es decir, los otros ejemplos son personas con profesiones distintas que han escrito un libro; pero un escritor escribe y en sus ratos libres mantiene actualizado un blog o tuitea.

En clave personal me gustan los escritores que poseen sus redes y sus propios blogs, entre otras cuestiones porque los lectores lo demandan y les gusta interactuar con los autores antes y después de leer su obra. Pero lo que no me planteo es la publicación de un libro sólo por la cantidad de seguidores que posea una persona, de hecho ya le hemos dicho que no a varios tras leer sus manuscritos.

La clave es escribir, y bien, muy bien mejor dicho, y si es posible mantener vivas las redes sociales. Estas crecerán con los éxitos como escritor, no al revés. Un ejemplo sencillo y revelador, Arturo Pérez-Reverte (escritor que es muy activo en redes) tiene más de un millón de seguidores en Twitter; El Rubius pasa de los ocho millones en la misma red social.

¿Con que ejemplo te quedas? En tu mano está, escritor, ¿quieres ser un tuitero/youtuber, o quieres ser escritor?