Que no es la magia, por “favoh”

 

El lector actual, sí, el lector, no los editores y las escritoras, no las libreras y los críticos (los lectores van delante nuestro, por eso hay que escucharlos, relacionarse con ellos, eso de que puedes influir en los lectores vamos a dejarlo para otro tipo de empresas que hace mucho se alejaron del amor por los libros), se ha cansado del mismo rol femenino en fantasía épica, y comienza a demandar comportamientos diferentes. Y afortunadamente se ha escrito mucho y variado sobre el nuevo papel de la mujer en las obras de fantasía como muestra de esta demanda.

Que sí, que había algún mirlo blanco como Eowyn, pero este tipo de personajes estaban para eso, para destacar su propia singularidad, no para demostrar algo nuevo (incluso el personaje nombrado se enamoraba de uno de los protagonistas, como no esperar que una mujer cayera a los pies de un héroe…). Los que poseen una visión más moderada del asunto se aferran a que la fantasía épica deriva del mundo medieval occidental, y que por ello, una mujer está relegada a ser prostituta, reina y poco más. Este razonamiento nos deja a los demás con una cara propia de un GIF, pero la cuestión es que siempre que leo razones contra ese absurdo planteamiento me encuentro otro muy pueril: “resulta que hay magia pero no mujeres libres de machismo”. Y aquí vuelvo a la cara sacada de un GIF.

Que haya magia no implica que el machismo haya sido erradicado de esa sociedad inventada, la razón para que haya una igualdad plena en un escrito de fantasía épica es, oh sorpresa, la construcción que se le da a ese mundo, el archiconocido worldbuilding.

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Venga, explícame las cadenitas.

Una historia de fantasía épica posee a su alrededor una peculiaridad que la hace irresistible para los aficionados al género, el mundo que define a la obra. Es ficticio, no existe más allá de la mente del escritor y del lector, y la construcción de dicho mundo es un pilar fundamental para el tema que estamos hablando. Para que la igualdad sea plena en un escrito, ese mundo debe poseer unas explicaciones a ello, y eso se encuentra en la historia, la religión, la economía y la sociedad del mundo. Es decir, tal como nuestro mundo es machista porque estos puntos han sido del modo en que han sido, si hubieran sido diferentes tendríamos un mundo actual con otros puntos de vista y otras costumbres.

Un ejemplo, en el mundo de Canción de hielo y fuego, la historia está protagonizada por hombres, los dioses principales son masculinos, la economía está orientada a ser explotada por un sexo determinado: el hombre… y así podría seguir. Es decir, que como lector de esta obra me es más verosímil un muerto revivido o un dragón (entre otra cosas, la existencia de estas “rarezas” están muy bien explicadas e integradas en el mundo), que una mujer elija su propio matrimonio. Se puede criticar, por supuesto, pero hay que hacerlo en su conjunto (mundo incluido).

Por lo tanto, si eres escritor y te estás planteando hacer una novela de fantasía épica sin machismo, atiende a lo anterior. Así que puedes incluir, entre otros muchos más aspectos:

-Sociedades en los que los enlaces matrimoniales sean elegidos por ambos.

-No hay roles marcados para cada sexo en según qué trabajos.

-Que en el pasado histórico o en el pasado mitológico de los pueblos de tu mundo inventado haya heroínas y reinas que también posean sus propias hazañas.

-Da protagonismo a la mujer en el panteón. Incluye diosas que no sólo cumplan determinadas funciones, porque, por favor, para una diosa del parto ya está Artemisa.

-En la religión. Que haya mujeres que se encarguen de los diferentes cultos, y por supuesto que también estén en los altos puestos.

Por supuesto luego tendrás que explicar muchas más cuestiones propias del género, como el porqué de las razas, de los monstruos o de la espada mágica que todo el mundo quiere y cuya ubicación perdida es conocida a la vez por los buenos y los malos. En fin, ya me entendéis…

No todo va a ser magia en nuestras cabezas de friki, ¿verdad?

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No creo en consejos generacionales

Esta semana se ha producido una manifestación que ha despertado mucho interés en todos, la de los jubilados por unas pensiones dignas. El seguimiento no fue nada desdeñable y el apoyo por parte de una gran mayoría de ciudadanos también ha sido notable. Feliz, y con asentimientos repetidos, me encontraba escuchando la radio que daba la noticia de la manifestación, cuando varios cortes en los que intervenían varios de los manifestantes me dejaron muy sorprendido. Algunos de los entrevistados se acordaban de las generaciones más jóvenes achacándole que no estuvieran, que dónde estaban e incluso uno de ellos decía que papá y mamá no iban a estar ahí siempre.

Me sorprendió un poco que la cadena, la SER para ser más precisos, incluyera estos cortes por encima de los que, también había, iban contra el gobierno, me llevó a pensar que era un pensamiento que quizás sí estuviera arraigado entre una parte de los asistentes, pero no le dí más importancia. Sin embargo, cuando entré en las redes sociales a lo largo del todo el día pude constatar que esta idea de una juventud paradita y carente de iniciativa se encuentra muy extendida, y no sólo entre nuestros mayores, sino también en el resto de generaciones.

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Imagen de la manifestación de Bilbao (El Correo)

Es una idea tan absurda, la de una generación (siempre algo difícil de definir, porque las generaciones tienen comienzos y finales tan difusos que se solapan unas con otras, pero oye, que aquí estamos todos muy seguro de todo) dando lecciones a otra, que me acordé de otro mantra muy extendido: la generación que ahora es pensionista permitió que el dictador Franco muriera en la cama (viendo esta columna de Javier Marías es algo que les duele). Es como si dicha generación de pensionistas le hubiera echado en cara a la anterior el no haber sabido llegar a una convivencia y haber creado una Guerra Civil. Es tan absurda esta idea que no merece ni explicación.

Por eso no creo en lecciones generacionales, ni en que ningún tiempo pasado fue mejor ni en que sólo los jóvenes protagonizaron el 15-M… En lo que sí creo es en los datos, y esos dicen que entre los jubilados, más de la mitad de ellos votan al Partido Popular, el partido que ha realizado la reforma de las pensiones cuyas consecuencias han llevado a esta manifestación. Esperemos que este malestar se refleje en las elecciones, por cierto, eso sí que sería una lección, pero de comportamiento social y compromiso político.

El escritor tóxico

Todos los aficionados y profesionales que se encuentran en este apasionante mundo de la literatura habrán podido leer artículos, más o menos bien escritos, cargando contra la figura del editor o directamente contra lo que supone una editorial. Pocos son los escritos que ensalzan esta profesión, y pocos son los que hacen hincapié en diferenciar las editoriales de las pseudoeditoriales (aquí un buen vídeo del escritor Javier Miró hablando de editoriales piratas) que sólo sirven como plataformas para la autopublicación.

En este sentido, el sector que más ataca a las editoriales son los autores que aún no han publicado nunca con una editorial o han sido pasto de estas plataformas de autopublicación. Lo primero que llama la atención es que sin haber publicado con una verdadera editorial posean ese rencor (en algunos casos casi roza el odio) hacia ellas, pues no han sido capaces de constatar como trabajan. Los llamo autores tóxicos.

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Estas son mis manos tecleadoras tóxicas

Estos escritores se lamentan una y otra vez de las negativas que reciben por parte de las editoriales, ya sea de los silencios recibidos o de las contestaciones que entran en las razones de dicha negativa. Por experiencia ya sabemos que el autor tóxico acribilla al editor con mensajes de apremio para que lea su obra, y cuando les llega la contestación negativa no se vuelve a saber de ellos, ni tan siquiera un mísero acuso de recibo. El editor debe entender por su silencio, ese que tanto lamenta este tipo de escritor cuando se lo hace una editorial, que ha recibido la contestación. Lo que se puede llamar frustración manifestada en un mal educado silencio.

Pero…  para sorpresa del editor, la situación no acaba ahí, pues al tiempo acaba descubriendo que el autor tóxico usa su blog o web personal para poner a parir a la editorial, dando una visión sesgada, mentirosa y calumniosa de la realidad. Cuelga extractos de conversaciones privadas con partes eliminadas o trucadas, cambia el nombre de las obras de la editorial para hacer mofa pública (hubo un necio que incluso puso el nombre de una de las librerías con la que la editorial trabaja creyendo que era el de una obra, ¡olé!) y critica a los demás libros que conforman la editorial. Nótese que el autor tóxico se queja de que no se valora su escrito, pero él ataca la obra de otros sin haberla leído, buscando hacerse el listillo ante sus amigos (los únicos que entran en su blog). El enfado no les deja ver que tan sólo un par de meses antes quería pertenecer a esa editorial con esos títulos que para él son ahora lamentables… en fin.

Si eres un autor tóxico que no se deja aconsejar y que vive en su nube, sólo tengo una cosa que decirte, que los autores con los que tengo el placer de trabajar son mucho más profesionales que tú, que son mucho mejores escritores que tú, que se han formado, que han escuchado y por eso han publicado. Tú no.