La actualidad de Los Miserables de Víctor Hugo

Cuando lees o relees Los Miserables de Víctor Hugo, te asalta una sensación de estar leyendo una obra que se adelanta a su tiempo, y esto es debido a que los temas que el genial escritor francés lleva a esta novela, son de una actualidad abrumadora. Y no, no me refiero al comienzo del libro, cuando son descritos la austeridad con la vive monseñor Myriel y el amor sincero por los pobres que este profesa, y la analogía con el Papa Francisco que fácilmente se podría hacer.

Lo que destaca de la obra son las inquietudes de unos personajes desarrollados y ambientados en unos convulsos años del siglo XIX, como son los del comienzo de dicho siglo, extrapolables a los años, también convulsos que nos ha tocado vivir en, también, un comienzo de siglo, en este caso el XXI. Familias que buscan su sostén económico, un estado incapaz de solventar los problemas de sus ciudadanos, monarquías en entredicho; en definitiva, un malestar social latente, que en el caso del XIX estalló en revueltas.

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Víctor Hugo

Lógicamente la situación actual no es comprable con los sufrimientos del pueblo llano en el siglo XIX, al menos en occidente, pero si que leer Los Miserables debe ser un aldabonazo a lo que creemos que se ha conseguido porque si, por si solo. El que se consiguiese, no sin esfuerzo, el estado del bienestar evitó situaciones como la que Víctor Hugo nos describe de manera vívida:

“He visto uno que apenas levantaba del suelo. Su padre había muerto, y unas pobres gentes le habían recogido por caridad. Pero es el caso que no tenían pan para sí, y el niño estaba siempre con hambre. Era en invierno. No lloraba. Veíasele arrimarse a la estufa donde jamás había lumbre, y cuyo tubo, como sabéis, se pega con tierra amarilla. El niño arrancaba con sus deditos pedazos de aquella tierra y se los comía. Tenía la respiración ronca, la cara lívida, las piernas flojas, el vientre abultado. No decía nada. Le hablaban y no decía nada. Ha muerto.”

Hace unos días, en Sevilla, moría un joven polaco en un albergue. Un europeo, falleciendo en un albergue europeo. Que cerca nos quedan ahora los dramas de otras partes del mundo. ¿Exageración?, puede, pero la verdad es que hace unos años esto no hubiese ocurrido. Adiós estado del bienestar.

En un apasionado discurso de Enjolras, un personaje de la obra, realizado sobre una barricada, el joven dice así a los que junto a él, luchan en la barricada:

“Valor y adelante ciudadanos. ¿Adónde vamos? A la ciencia convertida en Gobierno, a la fuerza de las cosas erigida en única fuerza pública; […] Basta de ficciones; basta de parásitos. Lo real gobernado por lo cierto, tal es el fin. […] La igualdad tiene un órgano, y este órgano es la instrucción gratuita y obligatoria. El derecho al alfabeto; por hay se debe empezar.

Había un tiempo en que la enseñanza universal y gratuita era una quimera, y los conservadores de la época defendían que eso era imposible. Hoy sabemos que no es así, pero no creamos que esta universalización es algo que se nos concedió, porque es algo que se luchó, y como tal, también habrá que pelear por su mantenimiento. Ya no desde una barricada, sino desde un foro público. ¿Dónde se encuentra este foro? ¿Los parasitos de los que habla Enjolras quieren que los ciudadanos nos expresemos?

La obra de Víctor Hugo se leerá siempre, pero sin duda su lectura en estos tiempos se hace obligatoria.

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