Un 2013 neoliberal

El año que acaba ha sido uno de los más duros para los ciudadanos españoles, tanto para el que no tiene trabajo como para el que lo tiene pero le han bajado el sueldo o porque no posee expectativas de futuro en dicho trabajo. Porque su pequeño negocio no termina de despegar o porque las ventas bajan cada día más. Y es que el trabajo y su ausencia sigue siendo la máxima preocupación de los españoles, como no podría ser de otra manera.

2013 acaba con una tasa de paro por el encima del 25%, una cantidad que no es solo eso, una cantidad, tras ese 25% se encuentran personas reales que se ven obligadas a volver a casa de sus padres, a emigrar al extranjero, a aceptar condiciones de trabajo denigrantes para poder dar de comer a sus hijos desnutridos, y ancianos que ayudan a los suyos con una ridícula pensión.

Realizado este somero retrato del país, porque con esto no se alcanza a entender las necesidades por las que esta pasando el pueblo español, alguien podría preguntarse cómo es que no ha habido un estallido social en el año 2013. Muchos que dicen esto son “ideólogos” que comentan sin pudor alguno que tenemos lo que nos merecemos porque no nos movemos, pero no analizan los motivos para esa inacción, por lo que vamos a ver cuales son para poder entender mejor este “conformismo”.

En primer lugar porque la ciudadanía no se presta a la violencia porque sí, y está mostrando una entereza democrática muy superior a la de sus dirigentes. El cuerpo cívico sabe, tiene la certeza, que si se da un paso hacia una dirección, las medianías no valdrán, y habrá que ir hasta el final con todas las consecuencias.

La siguiente causa de esta inacción o inmovilismo, es el propio estado del bienestar. Es decir, los derechos adquiridos durante el desarrollo de la socialdemocracia europea, derecho a paro, asistencia sanitaria no solo para el que trabaja, y una educación básica gratuita y de calidad, entre otros, ha hecho que amortigüe el sufrimiento de las familias, y que se sobrellevara la crisis de una manera más digna.

Otro motivo no menos importante para la ausencia de altercados, es la economía sumergida. Esos apaños, chapuzas, trabajillos o trapicheos que todos hemos escuchado y con los que las familias han solventado parte de sus problemas y agobios económicos.

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Todo vale

No hace falta ser un ilustrado del XVIII para darnos cuenta que las medidas tomadas en el último año, 2013, van precisamente encaminadas a acabar con estas tres patas sobre las que se cimenta el inmovilismo social actual. Los parados han sido sometidos a escarnio público, y se está dando a entender que el que está parado es porque quiere, ya que el sistema económico imperante te da oportunidades, quizás de algo que a lo mejor usted no tiene ni idea, pero… ¡reciclese!

La sanidad se ha visto muy tocada, con reducciones de presupuesto y pérdida de medicamentos que Sanidad antes “pasaba”. La educación pública no recibe el mismo trato que la concertada, que recibe subvenciones en momentos que la pública pasa apuros, (este dato sorprende sobremanera en un ideario que defiende la ausencia de subvenciones y mamandurrias), y que recibe una estocada más de moral cristiana con la aprobación de una nueva ley sin consenso.

La lucha contra el fraude fiscal es una buena medida, todos la aplaudimos, pero como siempre el más pobre pagará, pues no tiene opción de ir a esos paraísos fiscales que se pavonean ante nosotros, un ejemplo Gibraltar, y que son auténticos templos de devoción al neoliberalismo financiero.

Podríamos pensar que si se pasa de apretar a ahogar, la ciudadanía si puede responder de una manera que tal vez no se esté evaluando correctamente. Pero no hay que olvidar la cuarta pata que sostiene el conformismo, y que hemos dejado para el final, el individualismo.

El egoísmo ha sido fomentado por el neoliberalismo y ha calado hasta los huesos en todos nosotros. La persona que consigue salir de ese 25%, automáticamente piensa que ya está todo arreglado, que si él consiguió salir también los demás lo harán cuando quieran, y si no lo hacen es porque no quieren. Se ha perdido la sensación de colectividad, de solidaridad con el igual. Si, nos gusta ser generoso con el pobre en Asia o África, pero es caridad, no solidaridad, no son lazos de sentimientos comunes, porque huimos del que está a nuestro lado, el que podría necesitar nuestra ayuda. Pero claro, ese, el que está a nuestro lado, es un rival, un competidor en esta sociedad.

Ya lo dijo el Rey en su último mensaje de Navidad. ¡Seamos competitivos!

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