Movilidad geográfica si, pero la que me interesa

Desde que en España comenzó la crisis económica, venimos escuchando y viendo en entrevistas y charlas de cualquier tipo, que hay que adaptarse, que hay que estar preparado para la competitividad en un mundo globalizado. El dinamismo; la capacidad de autoempleo; reinventarse; toda una serie de conceptos abstractos que nos han bombardeado de una manera repetitiva, casi insana, y que se han convertido en un verdadero mantra para un gran sector de la población.

Uno de los factores al que se agarran los defensores a ultranza de este nuevo orden o estructura económica, es precisamente la globalización, es decir, la libre circulación mercantil. Sin embargo, estas mismas personas, mantienen una postura por completo contraria a la entrada de inmigrantes en sus países, o hablando en términos económicos, la movilidad geográfica de personas. Un ejemplo de esto fue la deportación de 93 gitanos rumanos, ciudadanos europeos, por parte del gobierno del por entonces presidente francés Sarkozy, por cierto, de origen húngaro.

En el caso de España el gobierno ha vuelto a colocar las famosas cuchillas de las vallas de Melilla, e incluso defiende su uso. Las redes sociales se llenaron de comentarios como “eso, quitémoslas y pongamos una alfombra roja”, “están cometiendo un delito, que se jodan”, y los comentarios oficiales no se quedaron atrás, como el realizado por la senadora por Ceuta Luz Elena Sanín, del Partido Popular.

Aún así tranquilos, el neoliberalismo, esa giro de tuerca al capitalismo que ha terminado por alejarlo de la realidad de la inmensa mayoría de los mortales y que bien podríamos llamar capitalismo utópico, ha dado con la solución perfecta. Si antes teníamos regiones más desarrolladas que extraían las materias primas y mano de obra barata-no cualificada de otras regiones menos desarrolladas, ahora todo va a cambiar. En el futuro nos encontraremos con este mismo concepto pero dentro de los propios países, es decir, que cada país tendrá su propia cuota de desheredados. Si en todos los países se realiza este modelo, como el estadounidense actual, el pobre no se moverá de su país, y en unos años estará arreglado el problema de la inmigración. Eso sí, con un mundo globalizado y… “lleno de oportunidades”.

Pero volvamos a España. El país camina hacía la mayor fractura social y económica de su historia reciente, donde habrá unos pocos con mucho, algunos con algo y muchos con poco. Pero cuidado, también con una tasa de parados nunca vista desde hacía años, una masa que nunca saldrá de esta situación, por que serán los que el sistema económico no puede asimilar.

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Thatcher, Reagan, golf,…

Estas no son reflexiones de un inconformista “progre” o como se empeñan otros en denominar al que piensa distinto, un sucio rojo, no. Las medidas neoliberales no son algo oculto que unos pocos “conspiranoicos” charlamos en tertulias de antros culturales, nada de eso, están ahí, y cualquiera puede observarlas, escucharlas y leerlas. Por ejemplo, todas estas ideas quedan patentes en el libro del economista Luis Garicano, un economista que cree en el liberalismo económico, muy cercano a El Mundo y que coquetea con UPyD. En este artículo se pueden distinguir las líneas maestras del neoliberalismo en España propuestas por Garicano, que son las medidas que van del punto 8 al 13. Nótese que habla de movilizar a los parados, no de ponerlos a trabajar (los da por perdidos), convertirnos en la Florida de Europa, privatizar gran parte de la sanidad y por supuesto que los obreros digan a adiós a la pertenencia de una casa fomentando el alquiler. Como digo lo puede leer cualquiera.

La realidad es que mientras nos convierten en el patio de recreos de jubilados europeos y lugar de ocio para los jugadores de golf ocasionales de todo el mundo, es que miles de personas se marchan del país. Ellos por fortuna no encontrarán vallas que entorpezcan sus llegadas a otros países. Claro, porque los que llegan aquí nos quitan el trabajo, pero los nuestros van en busca de oportunidades y por colmar su sed de aventuras

Gracias Universidad de Chicago por expandir sus ideas por el mundo; gracias Reagan y Thatcher por llevarlas a cabo; gracias Unión Europea por comprarlas y ejecutarlas; gracias PSOE y PP por meterlas incluso en la Constitución.

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