Lisandro, y su culto en vida.

Lisandro ha pasado a la Historia como el vencedor de la batalla naval de Egospotamos y por ser el espartano que consiguió derrotar definitivamente a Atenas en la Guerra del Peloponeso. Pero este astuto y hábil espartiata, fue también el primer griego en recibir culto semejante a un dios.

Lisandro, hijo de Aristocleitos, era de una familia distinguida de Esparta, probablemente sus antepasados estaban ligados a los Heráclidas, aunque no pertenecía a ninguna de las dos familias reales de la ciudad. Una vez que accedió al cargo de navarca en el 407, Lisandro se destapó como buen estratega y como político, pues no solo venció a los atenienses por mar, sino que fue capaz de perpetuarse como jefe espartano en los asuntos marítimos, aunque no de manera oficial, sino desde el cargo de epistoleus, legado del navarca. Plutarco es quien nos ha dejado constancia de la imposibilidad de reelección para los navarcas (Lisandro, 7), cargo que a lo largo de la Guerra del Peloponeso se había ido convirtiendo en un auténtico poder en la sombra, tanto que Aristóteles lo llamó “Casi como otra monarquía” (Pol., 2).

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Timonel del barco de Lisandro en Egospótamos (Hermón) flanqueado por un hoplita y un arquero. Imagen de Richard Hooks

Después de atraerse al bando espartano a una gran cantidad de aliados de Atenas en Asia Menor, Lisandro estableció en estas ciudades a gobiernos oligarcas bajo la supervisión de harmostas espartanos, lo cual hizo que creciera de manera considerable la influencia de Lisandro en la zona.

Una de estas ciudades “liberadas”, fue Samos, y fue allí donde Lisandro recibió todo un culto hacia su persona, pues la fiestas en honor a Hera, deidad protectora de la isla, pasaron a llamarse Lysandreia. El espartano pudo recibir este trato debido a los profundos cambios sociales, religiosos y artísticos que la Guerra del Peloponeso estaba ocasionando en toda Grecia, y que como no pudo ser de otra manera, también se reflejaron en un cambio de pensamiento religioso donde las viejas deidades de la religión cívica, fueron dejando paso a un misticismo creciente.

Este culto a Lisandro en Samos anticipa las futuras divinizaciones de los monarcas helenísticos, pues el navarca espartano fue el primer precedente de un griego que recibiese culto semejante al que se le dispensaba a los dioses. Sin duda Lisandro fue en muchos aspectos, un preludio de los tiempos de los “condotieros” helenísticos.

Bibliografía Moderna. Esparta y sus problemas sociales, Pavel Olvia, 1983.

                                       El mundo griego y el oriente, II, Edouard Will y cia, 1998.

Bibliografía Clásica. Vida de Lisandro, Plutarco.

                                    Política, Aristóteles.

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