La realidad social del norte de Sevilla

El norte de la ciudad de Sevilla presenta un panorama social que parece no preocupar a los dirigentes de nuestro Ayuntamiento, hecho que se agrava si echamos la vista atrás, pues dicha despreocupación por este gran espacio de la ciudad arranca de hace varios años, cuando los sueños olímpicos marcaban la actualidad del consistorio siguiendo los delirios del Partido Andalucista.

Antes de hablar del plano social veamos las edificaciones más características de los distritos Macarena y Norte. La zona soporta un gran número de construcciones municipales que poseen un alto valor depreciativo como el cementerio de San Fernando, las instalaciones de depuración de aguas residuales de EMASESA (empresa de agua municipal), dos tanatorios, la subestación eléctrica de Endesa o el paso de la SE-30 que parte en dos todo el sector. Esta última construcción merece una especial mención, en concreto por la actitud del Ayuntamiento en 1992, y que deja a las claras el pensamiento que tiene el Consistorio hacia los dos distritos ya mencionados. Con motivo de la Exposición Universal de dicho año se tapió toda la orilla de la SE-30 que ofrecía vistas al Polígono Norte para que tan horripilante visión no asustara a los visitantes que llegaban a la ciudad en sus vehículos. ¿Tapando (tapiando) el problema se pensó que desparecería?…

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La depuradora de EMASESA da un olor entrañable al norte de Sevilla

Este tipo de construcciones citadas son difíciles de ver en otras zonas de la ciudad, las cuales muy al contrario que el sector norte de Sevilla son recompensadas con avenidas peatonales que dinamizan su comercio local, o con planes para reformar de arriba abajo paseos para gustar al visitante. Es obvio para cualquier ciudadano que los diferentes tipos de edificios deberían repartirse entre los distintos barrios, pero esto no sucede en Sevilla.

Pero, ¿por qué no es así? Porque a la zona norte de la ciudad se le ha dado ese papel desde el Consistorio, y como he dicho con anterioridad, desde hace mucho años. Sin llegar a tener los problemas de marginalidad social del ámbito sur, la zona norte les ha resultado a nuestros ediles idónea para este tipo de construcciones, porque posee una gran población de origen obrero (no en vano en la zona hay también varios polígonos industriales), ya sea porque actualmente lo son o jubilados que lo fueron; tiene el mayor índice de población inmigrante de toda la ciudad; y cuenta con una gran tasa de paro. Estas condiciones sociales, hacen que desde el Ayuntamiento se vea a los ciudadanos que viven en este sector como “de segunda”.

Para los dirigentes sevillanos, los habitantes de estas zonas son solo votantes, no ciudadanos (con todo lo que debería implicar esta palabra en derechos y deberes), por lo tanto solamente se acuerdan de los dos distritos en precampaña, cuando se hacen muy típicas las visitas a la zona. Practican un juego de equilibristas, de consumados equilibristas, pues quieren mantener contento a este importante nicho de votos, ya que hay censados en esta zona (distritos Macarena y Norte) más de 150.000 personas, y a la vez olvidarlos durante el resto de los cuatro años.

Como digo, esta política del olvido y de realizar construcciones que nadie más quiere, la pueden ejecutar en estos dos distritos porque saben de la poca capacidad de presión y de influencia que poseen sus vecinos de orígenes tan humildes y con tantos problemas económicos.

Podríamos pensar que por el contrario determinadas construcciones culturales o deportivas han podido beneficiar a los vecinos de los dos distritos, pero no ha sido así. Dos ejemplos son el mal chiste llamado Biblioteca Pública Felipe González, o el Centro Deportivo Las Golondrinas, cuya dirección se ha dejado en las manos de un vecino que aplica su albedrío para abrir las instalaciones y para fijar los precios. Por otro lado la llegada del Parlamento andaluz a la zona a principios de los 90, en concreto al distrito Macarena, no ha sido capaz de servir como epicentro de un terremoto dinamizador, pues los parlamentarios no han interactuado con los locales de alrededor. El Parlamento es una inmensa burbuja donde sus inquilinos encuentran de todo en su interior, y para asegurar dicho aislamiento un parque de inmensos árboles y una gran valla, reducen el contacto, o quizás ellos lo vean como contagio, con el exterior.

Los alrededores del Parlamento responden a una realidad bien diferente, y justo a su lado encontramos un hogar para personas sin recursos (donde murió un joven polaco), carteles en las farolas y paradas de autobús para realizar “chapuzas” a buen precio (entiéndase sin I.V.A.), o un comedor de la Facultad de Medicina repleto a diario. Cualquiera que se de un paseo por la calle Don Fadrique podrá captar la llamativo y casi obsceno de la situación, pues personas sin techo se pelean casi a diario por aparcar un coche en una calle cuya fachada restaurada de un Hospital del siglo XVI, alberga los despachos de los dirigentes de Andalucía.

Parlamento

Aunque no se lo crea, tras la floresta, tras la valla y tras el jardín se encunetra la sede de la soberanía andaluza.

También ha habido disputas entre inmigrantes y sevillanos, nada extraño por otra parte, pues donde hay convivencia hay conflicto. Las personas llegadas de otros países, ya sean de Ecuador, Marruecos o Nigeria, provienen en su mayoría de zonas rurales donde las normas de convivencia urbana brillan por su absoluta ausencia. Cuando estas personas llegan aquí, sus costumbres chocan de manera directa con las costumbres urbanas. Gritos, música alta como si vivieran en casas y no en pisos, comidas que requieren de aire libre y no de una cocina cerrada, etc, originan peleas y desavenencias vecinales.

Estos problemas no han sido explicados así ni a los inmigrantes ni a los sevillanos. Si a todo esto se le suma el racismo, que como sabemos tiene su origen en el desprecio al pobre (y el inmigrante afincado en el Cerezo o en El Rocío no es precisamente un futbolista) se entiende el auténtico “cocktail molotov social” existente en la zona y que las autoridades sevillanas no están queriendo tratar.

Paro, desequilibrio social, marginalidad, economía sumergida, brotes de violencia racial y desamparo político es la realidad del norte de Sevilla. Una realidad alejada de uno o dos distritos de la ciudad, pero que es también la que se puede encontrar en otros muchos.

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