A mi sobrino

La tarde cae sobre la pequeña localidad del Aljarafe. El sol se lleva con él al sofocante calor, y pone fin a una tarde especial para el pequeño Daniel, aunque mucho me temo que más para todos los familiares que para él mismo.

La actuación con sus amigos del “cole” ha despertado entre los cientos de asistentes sonrisas de complicidad y algunas lagrimillas de emoción. La temática del baile de los pequeños han sido los años 80, y parece que eso de hacer reverdecer viejos recuerdos en los treitañeros padres ha hecho que guste incluso más. El pequeño Daniel ha lucido su camisa blanca y su graciosa corbata rosa, ha bailado sobre el escenario a ritmo ochentero y ha complacido a los demás con esos ojos que poseen toda la fuerza que el cruce del verde y el azul puede insuflar en el pecho del otro al recibir su mirada.

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Pero la función ya ha quedado atrás, su hermana tenía hambre y reclamaba mediante llantos perfeccionados por la evolución su ración de leche materna. Todos deben marcharse, y como si de una emocionante obra de teatro se tratara, el pequeño Daniel ha guardado lo mejor para el final, la despedida.

Abraza a su tío con la ternura de la que sólo son capaces los niños: sin ficción, sin impostura. Al separarse de esa larguirucha y huesuda persona al que le han enseñado a llamar “tito”, le dedica una mirada lastimera y añade.

—Tito, mi corazón se escapa de mí porque tú te vas.

Su tío le abraza fuertemente, quizás para que no le vea las lágrimas que le asaltan los ojos; quizás para que pase el tiempo y se le deshaga el nudo que le atenaza la garganta antes de hablar.

Sin saberlo, el pequeño Daniel le ha dado a su tío un día inolvidable.

Ah, mi sobrino tiene 3 años y medio.

De debates y partidos

Los televisores se encenderán y emitirán esa luz extraña que hace que pequeños fogonazos y sombras se adueñen de los salones a oscura de los españoles. El debate político habrá comenzado.

Un nuevo debate político tiene lugar hoy, sí, otra vez, y no pasa nada porque se repita. Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Ciudadanos han dicho hasta la saciedad que se ha llegado a esta situación por culpa de Podemos; el Partido Popular (PP) que por capricho del PSOE; Podemos comenta que el PSOE es quien lo ha bloqueado… pero lo cierto es que si se ha llegado a un nuevo debate (entiéndase por extensión, a unas elecciones), es porque cada partido ha perseguido su propio interés. No crean eso de que los ciudadanos hemos enviado un mensaje de pacto a través de las urnas. Cada uno vota al que cree conveniente, nadie vota con una intencionalidad que vaya más allá de lo que signifique dar el apoyo a un partido. Eso es falacia barata creada a golpe de titular, inventada por tertulianos ávidos de conclusiones espectaculares, y secundada por políticos mediocres.

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Club de navajas por el poder.

Estamos ante unas nuevas elecciones porque los partidos políticos, como cualquier asociación conformada por personas, persiguen su propio fin. Esta obviedad ha sido pasada por alto por la gran mayoría, pero es tan sumamente grave, que merece una pequeña reflexión. Si un partido político persigue su propio fin, ¿dónde queda el interés común de todos los españoles? Si olvidan su función pública, ¿son por lo tanto constitucionales?

No es ninguna tontería. Los cuatro candidatos hablan siempre de la necesidad de conseguir escaños, como sea. Exponiéndose más o menos, urdiendo un plan de actuación en tal y cual debate, evitar ciertas palabras y poses, etc. Una especie de competición maquiavélica… con todo lo que dicho adjetivo significa (pocas personas han conseguido que su nombre de significado a una actuación concreta como consiguió Maquiavelo), pues ahora más que nunca, en época electoral, podemos ver como se hace palpable la célebre frase del estadista florentino: “El fin justifica los medios”.

No lo olvidemos, la democracia no son los representantes englobados en partidos con intereses propios, somos nosotros, los ciudadanos. No permita que le llamen votante.