¿Te acuerdas cuándo el PSOE era ETA?

El calor es la norma imperante en el país. El aire acondicionado del congreso trabajará duro hoy para que sus señorías no noten nada de lo que pueda llegar del exterior, al menos en cuanto a aspectos meteorológicos. Hoy hay debate de investidura.

fotito

– ¡Cómo saca dorsales el bribón!

En lo que se presume otra investidura fallida, Mariano Rajoy, presidente en funciones sine die, no deja de alegar al bien de España para que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se abstenga y así se de paso a una legislatura presidida por él mismo.

Todo parece muy normal, un partido político que persiguiendo sus propios fines los esconde por el de los del país. Cómo digo, nada nuevo bajo el sol. Pero sí que me ha llamado mucho la atención que el Partido Popular (PP) quiera la abstención del PSOE, es decir, que quiera apelar al mínimo de entendimiento que se puede obtener en política. Un entendimiento que no se entiende, al menos si miramos sólo un poco hacía atrás.

Desde el 2004 hasta hace unos meses, el PP ha tachado al PSOE de ser muy débil con ETA, cuando no de estar cediendo ante la banda terrorista, cuando no de vincular una y otra vez al PSOE con ETA como si se trataran de lo mismo. Por lo tanto la duda surge: ¿cuándo mentía el PP, antes o ahora? Si lo hacía antes era gravísimo, pues lo intentó todo por alcanzar el poder. Si miente ahora es gravísimo, pues se alía con ETA para llegar al poder.

Yo tengo muy clara la respuesta de cuando mentía, lo que no tengo muy claro es que exista la memoria.

Las elecciones del forofo

Para regocijo, sorprendente, de una parte de la prensa, el PSOE ha ganado en Andalucía. Como puedes ver en los enlaces, ABC y La Razón ensalzan los 47 diputados obtenidos por Susana Díaz. Atrá queda la animadversión a un PSOE que era ETA, pero ya se sabe, el enemigo de mi enemigo es mi amigo…

En fin, mucho se ha dicho ya sobre los resultados electorales, que si gran victoria socialista, que si batacazo de PP y UPyD, que si Podemos y Ciudadanos no es para tanto… en definitiva nada nuevo bajo el sol, es decir, hacer una especie de crónica futbolera donde el resultado marca lo que se debe decir. Por eso me llaman la atención otros aspectos menos dialogados.

web

Imagen de los resultados de ayer 22 de marzo. (Vía el Correo de Andalucía)

El bipartidismo se mantiene, PP y PSOE continúan siendo las fuerzas más votadas, y por lo tanto relegan a los demás a una actuación residual en el parlamento, en especial a IU y Podemos. Esta última fuerza considerada por todos como el “marginado” de la clase, y que no podrá llevar a cabo ninguna medida del tan manuseado cambio. No es así para Ciudadanos, el “guaperas” del instituto, al que presumiblemente acudirá el PSOE para sacar adelante sus medidas. Ojo a esta cuestión no menor, pues todo aquel que se mezcla con el PSOE andaluz, en mayor o menor medida, lo acaba acusando, ahí vemos los casos de IU y PA, pues los socialistas andaluces poseen una habilidad harto envidiada por el resto de fuerzas, nunca tienen la culpa de nada. Por lo tanto son los socios, más o menos puntuales, los que sufren las consecuencias.

Y es aquí donde surge la pregunta, ¿Y cómo lo hace el PSOE andaluz para nunca verse dañado? A parte de la extraordinaria máquina que cuenta alrededor en formato de medios de comunicación en Andalucía, posee un as en la manga, su predominio en las zonas rurales. Allí el PSOE es asociado a la Junta de Andalucía, y se ve a este partido como el único defensor de lo andaluz. El resto de la izquierda, hasta ahora, no ha sabido copar ese sentimiento, y la derecha se empeña en ser una opción residual en la región, excepto en Almería y por la particularidad de este provincia.

En cuanto a los dos nuevos partidos se pueden sacar algunas conclusiones. El aire académico que Podemos destila no podrá ser la alternativa al PSOE en Andalucía, pues eso le hará fajarse con sus rivales en las ciudades y grandes poblaciones, no en vano han ganado en Cádiz capital, pero en las zonas rurales serán vistos como los “listillos de turno”. Es triste decir esto, pero es así. Por su parte Ciudadanos si ha sabido donde apuntar, no a los ríos, sino a las ciudades, donde sabía que podía pescar (perdonad pero es inevitable aludir a ello) votos que antes pertenecían al PP.

Para concluir, añadir que la “fiesta de la democracia en Andalucía” no es sólo el voto y su resultado, que por cierto no representará bien a los andaluces hasta que no se opte por una circunscripción única, sino también ser crítico con aquellos que parecen a fines a tus pensamientos. La democracia consiste en saberte que eres quien manda, no que te mandan, y por lo tanto debes poner a tus representantes donde se merece. Una cara sonriente no es suficiente. Una cara nueva no es suficiente. Ciudadanos andaluces, la democracia es decidir y hacerlo bien, dejando a un lado el “escudo”.

Andaluz pregúntese: si en 37 años Andalucía no se ha industrializado, si no se ha puesto a la cabeza de los servicios públicos, si seguimos exportando mano de obra, si… ¿por qué iba hacerlo ahora con los mismos representantes?

Las elecciones las han decidido los forofos, no los ciudadanos críticos.

¿Por qué en la derecha no se dimite?

Los políticos conservadores españoles están lidiando con una situación que siempre se las habían ingeniado para eludir, y no solo eso, sino que habían conseguido que muchos la creyeran como una característica propia de sus colegas de la bancada de enfrente. La corrupción. Y oye, el mensaje había calado. ¿Quién no ha escuchado eso de “la derecha arregla la economía y la izquierda roba y despilfarra” en el autobús, o tomando una caña en la barra de un bar? Los casos de corrupción que azotaron al PSOE en los 90 y la cultura del “pelotazo” de esos años, parecía darles la razón. Claro era así, si se obviaba, como se hacía hasta ahora, los casos de Gescartera y Naseiro

Sin embargo, en la actual década, los casos de corrupción parecen haberse homogeneizado de tal manera, que los encuentras en todas las siglas y en todos los colores. Pero he aquí que parece haber un matiz que distingue a la derecha, y es su increíble resistencia a dimitir.

Algunos dirán que la izquierda también, pero para eso tiraremos de casos, recordemos. En 2009 se conocía el caso de una cacería sin licencia por parte de Mariano Fernández Bermejo, Ministro del Interior en gobierno de Zapatero, y junto al por entonces juez Garzón que investigaba al PP. Acabó con la dimisión del ministro. Y sin ir más lejos, los casos de los EREs fraudulentos en Andalucía han hecho que el Presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán y el secretario general de UGT en Andalucía (tras unas facturas falsas), Francisco Fernández Sevilla, dimitan.

Esto no significa que los dirigentes de izquierda sean más demócratas o pulcros que los de derecha, pero si que las bases de las organizaciones de izquierda son más críticas, es decir, que los afiliados de izquierdas se consideran en situación de poder recriminar a algunos de sus “líderes” cualquier actuación. Y es aquí donde reside la clave de porque la derecha no dimite.

aznar2_500

Mando, y mucho.

La ideología conservadora posee en su conformación, en su “ADN”, una estructura jerarquizada, una composición vertical muy delimitada y marcada. No es casualidad que muchos (aunque no todos) militares y eclesiásticos, se inclinen por esta ideología, porque se encuentra en este aspecto más cercano a los partidos de derecha. Esta jerarquización, da a la jefatura un papel de superioridad sobre el resto, sobre la masa, aunque esa masa sean sus propios correligionarios, de tal manera que los líderes conservadores consideran la dimisión como un acto de claudicación frente a otros que no considera como iguales, sino como inferiores. Así se entiende que las bases de la derecha no poseen la capacidad de presionar a sus jefes, pues ni ellos mismos sienten que deben presionarles, ya que aceptan ese papel de superioridad del jefe.

Los líderes de izquierdas tratan de actuar como los jefes moderados, pero no lo terminan de conseguir, aunque en fases determinadas si lo hacen, porque sus bases no consideran estas organizaciones, partidos y sindicatos, como una estructura vertical, sino como horizontal, donde cada uno se siente capaz de hacer lo que hace el otro. Esto último es uno de los motivos de la gran cantidad de partidos, sindicatos y escisiones que ha conocido la izquierda desde sus inicios.

Así que la razón de la falta de dimisiones ante los casos Gürtel, de presuntos sobresueldos, de presuntas empresas de armas favorecidas por presidentes, del caso Palau, etc, se deben en gran medida a la inacción de los militantes de base del Partido Popular y Convergencia y Unió (si, es un partido de España y de derechas), que no recriminan ni se mueven lo suficiente para una renovación profunda de estos partidos con la llegada de nuevas caras y nuevas ideas.

Quizás haya que preguntarse si la misma militancia quiere esos cambios.