La banalización de “lo nazi”

Parece que la palabra nazi se puede aplicar para todo tipo de situaciones o para describir a aquellas personas o grupos de personas que por pensar diferente pueden recibir dicha catalogación. Probablemente el mejor ejemplo sea el vocablo “feminazi”, término popu-larizado por aquellos que piensan que hay grupos de feministas tan extremas que alcan-zan posturas nazis. O cuando el presidente turco Erdogan acusó al gobierno holandés de nazi y fascista.

Otro tipo de banalización es tomarse a mofa los movimientos nazis. Ejemplos de ello son la conocida página de Facebook y cuenta de Twitter “cabronazi”, las parodias sobre el discurso de Hitler en la película “El hundimiento” o los memes sobre nazis. Quizás to-marse a broma a los nazis no sea peligroso, pero sí que puede llevar a subestimar el poder que pueden alcanzar dichos grupos en el futuro, e incluso menospreciar el peligro que representan, y todo el daño que causaron en el pasado.

Me interesa, sin embargo, centrarme en los primeros ejemplos, el “todo es nazi”. Esta postura es preocupante, porque tras ella se encierra una verdadera intencionalidad de banalizar las posturas que los nazis defendieron y defienden. Lo primero es concretar qué define a un nazi y a los grupos nazis. Para ello se puede establecer una serie de pun-tos comunes:

-Exaltación del pasado patriótico y recuperación de la “gloria pasada”.

-Superioridad racial (lo que implica una raza no mezclada y la aceptación de la xeno-fobia y la expulsión del país y el asesinato de las personas de otra nacionalidad, religión, o raza).

-Rechazo de la democracia (lo que lleva a la expulsión del país o al asesinato del que piensa diferente).

-Rechazo del capitalismo y el comunismo.

Todo ello se asienta en dos grupos de acción:

-Creación de un partido político que aparentemente sigue las normas y cauces demo-cráticos.

-Creación de grupos violentos organizados (una especia de milicia) con una estructura similar a la militar para imponer su voluntad en las calles y que ayuda al partido político a alcanzar el poder.

Berlin, Horst Wessel mit 34. SA-Sturm

Las SA, la milicia nazi.

Se apoyan en:

-Intelectuales o personas con formación, por lo general humanística, que refuerzan la ideología nazi con diferentes teorías históricas, antropológicas,…

-Apoyo de periodistas y medios de comunicación afines que minimizan lo hechos que ocurrieron en el pasado (Alemania nazi, Italia fascista o España franquista), confun-diendo el presente definiendo cómo nazi cuestiones que no lo son, equiparando ideolo-gías totalmente diferentes para desorientar a la población, etc…

Teniendo en cuenta estos puntos básicos (podrían añadirse más), no es difícil desmontar esas analogías nazis comentadas al comienzo: no, las feministas no son nazis; no, el gobierno holandés no es nazi. Si a lo explicado le añadimos la falta de respeto que estas comparaciones suponen para los millones de víctimas de los nazis así como para los millones de soldados soviéticos, británicos, norteamericanos,… que lucharon con denue-do por la libertad, entendemos la gravedad de esta moda de banalizar “lo nazi”.

La Historia es muy seria, señor Reverte

Si puedo decir que tengo algo claro, eso es que la Historia es una ciencia, y que como tal merece el máximo respeto por cualquiera que se acerque a ella, y repito cualquiera, sea quien sea, famoso, periodista o aficionado.

¿Por qué digo esto? En la última semana, los historiadores hemos tenido que soportar como un texto pseudohistórico se hacía un hueco entre los aficionados a la Historia. Hemos visto como era puesto como ejemplo de lo que debe ser la Historia: comparar hechos del pasado con los actuales. Hemos asistido como un periodista, daba una lección histórica… No es otro que este texto de Arturo Pérez-Reverte, “Los godos del Emperador Valente”.

En ocasiones me han dicho que soy demasiado radical, y que debo asumir que todo el mundo tiene opinión en Historia, y desde luego que se admite que haya opiniones que no vengan de historiadores, pero es demasiado tener que aguantar lecciones de pseudohistoria, como este texto pretende.

No entraremos en los bastantes fallos históricos que el escrito posee (Reverte llega a decir que los godos del 376 son empujados a la frontera del Imperio Romano por Atila, ¡Atila!, el cual no nacería hasta diecinueve años después), ni tampoco en las opiniones vertidas, faltaría menos, pero si en la comparación que propone, y en el motivo por el cual se supone que para mucho existe la Historia.

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El autor compara la llegada de los godos al Imperio Romano con la llegada de los refugiados sirios a la Europa actual. Las comparaciones en Historia no existen, pues como he dicho se trata de una ciencia, por lo que los historiadores no pierden el tiempo en comparar dos momentos históricos tan dispares, donde las coincidencias son vistas sólo por aquellos que poseen un motivo (por lo general político) para hacerlas. En este caso Reverte lo hace para cargar contra la sociedad europea y para ir contra los líderes europeos.

La cuestión es que se podría haber hecho estas críticas sin usar la Historia, esta es muy seria, y en manos de periodistas se vuelve vulgar e inexacta. El Imperio Romano de Valente no se parece en nada a la Europa actual; los godos no son comparables con los refugiados sirios; la decadencia occidental no se puede entender mirando a Roma…

Cuando los historiadores decimos que la Historia ayuda a comprender el presente, no es mediante comparaciones, sino porque ayuda a saber cómo y por qué hemos llegado aquí, pero sin usarla para conclusiones arbitrarias.

Señor Reverte, por favor, no abuse de una ciencia tan bonita y por la cual siento tanto amor, no manosee aquello que no sabe, no sea usted para la Historia como Belén Esteban y compañía lo son para su profesión el periodismo.

Cimón y los aliados griegos

Esta anécdota nos la ha dejado Plutarco, rico en este tipo de relatos por otro lado, y muchas de ellas de una veracidad histórica muy discutibles. Como siempre, el biógrafo de Queronea nos quiere dar una lección de moralidad, y en este caso trata el tema de la avaricia humana.

Después que los aliados griegos, dirigidos ya por Atenas y no por Esparta, tomaran Sesto y Bizancio a los persas, en las campañas posteriores a las Guerras Médicas (o finales si se les considera dentro del conflicto), se decidió el reparto del botín capturado a los “bárbaros”. Cimón, comandante ateniense, y por ende, el jefe de la expedición griega, decidió dividir lo capturado de dos maneras, por un lado los cautivos, y por otro los bienes materiales.

Los aliados griegos se quejaron del reparto, aduciendo que era desigual. Cimón le respondió entonces que eligieran lo que quisieran, porque los atenienses se conformarían con lo que les tocara.

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Ostrakon con el nombre de Cimón, hijo de Milciades.

Así los aliados eligieron los adornos y caros ropajes de los persas, y se rieron de los atenienses que tendrían que conformarse con los persas, a los que destinarían como esclavos a los campos y minas.

Sin embargo a los pocos días, comenzaron a llegar los familiares de los cautivos dispuestos a pagar grandes rescates por ellos, otorgando así a los atenienses una gran suma de dinero. Con esta gran cantidad, Cimón proveyó de víveres a la flota aliada para cuatro meses, y aún sobró una gran suma que llevó a Atenas.

BibliografíaPlutarco, Vida de Cimón, 9.