Leña, de José Pedro García Parejo

Leña, editado por Maclein y Parker, es un compendio de relatos de José Pedro García Parejo, de ahí que sea difícil poder hacer una valoración de cada uno de los relatos (son veinte), pero sí que es fácil poder ver un hilo conductor en cada uno de ellos. A pesar de que en principio cada uno de los escritos no tiene nada que ver con el anterior, y en cuanto a temática es así, el estilo del autor es tan característico que identificas rápido ese nexo que hace de este compendio una necesidad.

Los personajes poseen alma, y te dicen mucho sin necesidad de contar demasiado. Desde un futbolista argentino (protagonista del relato que da nombre a la obra), hasta un nieto treintañero, pasando por un asesino. Todos ellos poseen la capacidad de identificarte con ellos, de empatizar con sus pensamientos, ya sean de amor, melancolía, o porque no, de humor.

José Pedro García Parejo

José Pedro García Parejo

Las situaciones que describe García Parejo son cotidianas, aquellos momentos a los que casi no les echas cuenta, los que no han echado raíces en tu memoria. Una charla en un banco, una mirada por la ventana o un recuerdo que creías olvidado se enmarcan en escenarios del día a día, tales como un descampado o una estación de tren.

Lo cotidiano con un estilo poco visto en castellano da esta particularidad a Leña. Cada uno de sus relatos, y siguiendo las palabras que un gran lector me dijo un día, “te dejan con el culo del revés”. Sus finales son inesperados tras el anhelo creado por saber su resolución, su mensaje desvelado en el momento oportuno.

La leña que te da esta colección de relatos es de la buena. Te ofrece leña literaria, leña de estilo, leña de personajes, leña de situaciones,… Su autor te da tanta leña que creerás estar en un refugio, calentito, a salvo de las inclemencias escritas fuera de ese acogedor hogar que él ha fabricado para ti.

Ficha técnica:

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Título: Leña
Autor: José Pedro Garacía Parejo
Editorial: Maclein y Parker
Páginas: 164
ISBN: 978-84-942567-3-8
P.V.P.: 15€ 

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A mi sobrino

La tarde cae sobre la pequeña localidad del Aljarafe. El sol se lleva con él al sofocante calor, y pone fin a una tarde especial para el pequeño Daniel, aunque mucho me temo que más para todos los familiares que para él mismo.

La actuación con sus amigos del “cole” ha despertado entre los cientos de asistentes sonrisas de complicidad y algunas lagrimillas de emoción. La temática del baile de los pequeños han sido los años 80, y parece que eso de hacer reverdecer viejos recuerdos en los treitañeros padres ha hecho que guste incluso más. El pequeño Daniel ha lucido su camisa blanca y su graciosa corbata rosa, ha bailado sobre el escenario a ritmo ochentero y ha complacido a los demás con esos ojos que poseen toda la fuerza que el cruce del verde y el azul puede insuflar en el pecho del otro al recibir su mirada.

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Pero la función ya ha quedado atrás, su hermana tenía hambre y reclamaba mediante llantos perfeccionados por la evolución su ración de leche materna. Todos deben marcharse, y como si de una emocionante obra de teatro se tratara, el pequeño Daniel ha guardado lo mejor para el final, la despedida.

Abraza a su tío con la ternura de la que sólo son capaces los niños: sin ficción, sin impostura. Al separarse de esa larguirucha y huesuda persona al que le han enseñado a llamar “tito”, le dedica una mirada lastimera y añade.

—Tito, mi corazón se escapa de mí porque tú te vas.

Su tío le abraza fuertemente, quizás para que no le vea las lágrimas que le asaltan los ojos; quizás para que pase el tiempo y se le deshaga el nudo que le atenaza la garganta antes de hablar.

Sin saberlo, el pequeño Daniel le ha dado a su tío un día inolvidable.

Ah, mi sobrino tiene 3 años y medio.