¿Te acuerdas cuándo el PSOE era ETA?

El calor es la norma imperante en el país. El aire acondicionado del congreso trabajará duro hoy para que sus señorías no noten nada de lo que pueda llegar del exterior, al menos en cuanto a aspectos meteorológicos. Hoy hay debate de investidura.

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– ¡Cómo saca dorsales el bribón!

En lo que se presume otra investidura fallida, Mariano Rajoy, presidente en funciones sine die, no deja de alegar al bien de España para que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se abstenga y así se de paso a una legislatura presidida por él mismo.

Todo parece muy normal, un partido político que persiguiendo sus propios fines los esconde por el de los del país. Cómo digo, nada nuevo bajo el sol. Pero sí que me ha llamado mucho la atención que el Partido Popular (PP) quiera la abstención del PSOE, es decir, que quiera apelar al mínimo de entendimiento que se puede obtener en política. Un entendimiento que no se entiende, al menos si miramos sólo un poco hacía atrás.

Desde el 2004 hasta hace unos meses, el PP ha tachado al PSOE de ser muy débil con ETA, cuando no de estar cediendo ante la banda terrorista, cuando no de vincular una y otra vez al PSOE con ETA como si se trataran de lo mismo. Por lo tanto la duda surge: ¿cuándo mentía el PP, antes o ahora? Si lo hacía antes era gravísimo, pues lo intentó todo por alcanzar el poder. Si miente ahora es gravísimo, pues se alía con ETA para llegar al poder.

Yo tengo muy clara la respuesta de cuando mentía, lo que no tengo muy claro es que exista la memoria.

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De debates y partidos

Los televisores se encenderán y emitirán esa luz extraña que hace que pequeños fogonazos y sombras se adueñen de los salones a oscura de los españoles. El debate político habrá comenzado.

Un nuevo debate político tiene lugar hoy, sí, otra vez, y no pasa nada porque se repita. Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Ciudadanos han dicho hasta la saciedad que se ha llegado a esta situación por culpa de Podemos; el Partido Popular (PP) que por capricho del PSOE; Podemos comenta que el PSOE es quien lo ha bloqueado… pero lo cierto es que si se ha llegado a un nuevo debate (entiéndase por extensión, a unas elecciones), es porque cada partido ha perseguido su propio interés. No crean eso de que los ciudadanos hemos enviado un mensaje de pacto a través de las urnas. Cada uno vota al que cree conveniente, nadie vota con una intencionalidad que vaya más allá de lo que signifique dar el apoyo a un partido. Eso es falacia barata creada a golpe de titular, inventada por tertulianos ávidos de conclusiones espectaculares, y secundada por políticos mediocres.

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Club de navajas por el poder.

Estamos ante unas nuevas elecciones porque los partidos políticos, como cualquier asociación conformada por personas, persiguen su propio fin. Esta obviedad ha sido pasada por alto por la gran mayoría, pero es tan sumamente grave, que merece una pequeña reflexión. Si un partido político persigue su propio fin, ¿dónde queda el interés común de todos los españoles? Si olvidan su función pública, ¿son por lo tanto constitucionales?

No es ninguna tontería. Los cuatro candidatos hablan siempre de la necesidad de conseguir escaños, como sea. Exponiéndose más o menos, urdiendo un plan de actuación en tal y cual debate, evitar ciertas palabras y poses, etc. Una especie de competición maquiavélica… con todo lo que dicho adjetivo significa (pocas personas han conseguido que su nombre de significado a una actuación concreta como consiguió Maquiavelo), pues ahora más que nunca, en época electoral, podemos ver como se hace palpable la célebre frase del estadista florentino: “El fin justifica los medios”.

No lo olvidemos, la democracia no son los representantes englobados en partidos con intereses propios, somos nosotros, los ciudadanos. No permita que le llamen votante.

Más ciudadanía (u otro enfoque de lo que pasa en Cataluña)

Estamos asistiendo a unos días en los que las decisiones de políticos nos están llevando a situaciones no elegidas o refrendadas por los ciudadanos. Me refiero, como no, a los acontecimientos bochornosos que están ocurriendo en el Parlament.

No me voy a centrar en la dicotomía España-Cataluña tan alentada por el PP de un lado y por CIU-Esquerra-CUP por otro, ya que para mí ese debate no existe porque los nacionalismos, como otros pensamientos heredados del nefasto XIX, no deberían tener cabida en estos tiempos (lamentablemente tenemos que ver como los nacionalismos sólo son obviados en determinadas cuestiones económicas, un saludo al TTIP). Me centraré en porque un grupo de representantes deciden algo tan importante como una independencia sin poseer un órgano ejecutivo aún formado, y sin el refrendo de los ciudadanos. Y es que el problema que subyace es la propia falta de una democracia más directa, veamos.

Montesquieu nos mostró el camino de lo virtuoso que es para un estado la división de poderes, pero vemos como en estos más de doscientos años desde sus escritos, poco se ha avanzado para el hecho de llegar a tal división. En España, y por ende en Cataluña, el ejecutivo y el legislativo son la misma cosa, pues:

-No hay elecciones separadas al parlamento (legislativo) y al gobierno (ejecutivo).

-Los componentes del ejecutivo son elegidos de manera directa por el legislativo, así que el partido político ganador de las elecciones al parlamento gana también el ejecutivo (eso es un premio y no el del Eurojackpot). Por lo tanto, el partido que gana se convierte en una especie de masa informe que se expande por ambos poderes, haciendo que en ocasiones sea difícil discernir donde acaba el partido y empieza el gobierno.

-La figura del Real Decreto Ley hace que un gobierno pueda aprobar una ley sin el refrendo del legislativo (esto es sólo a nivel estatal).

Lo utópico no es que todos decidamos, sino que unos pocos decidan por todos sin anteponer sus intereses.

¿Por qué incluyo todas estas cuestiones tan generales?, pues porque es clave para ver como esta apatía por la separación de poderes está permitiendo que el “legislativo catalán”, sin necesidad de un ejecutivo aprobado, pueda ir conformando una ley que sabe que se ejecutará, pues el gobierno que exista es el que ellos van a elegir. En otras palabras, un partido o varios partidos unidos se arrogan el papel de la ciudadanía de tomar decisiones tan relevantes como una independencia.

Desde este blog hemos repetido hasta la saciedad que cualquier ley o medida que no pase antes por la aprobación de la ciudadanía, no podría ser ley, pues bien, este es uno de los ejemplos más flagrantes de incumplimiento de esta máxima. Pero no pasará nada, ya se decidió que el modelo de Sieyes era el mejor y se enterró a Rousseau bajo toneladas de escritos que lo catalogan de utópico.

Alguno me dirá que los políticos catalanes pidieron un referendum, pero no podemos dejarnos engañar, porque la voluntad de querer realizar uno nunca ha sido sincera (mucho menos desde el gobierno central). CIU y Esquerra saben que es mucho más fácil este camino. Tal es así que jugaron a la confusión llamando a las últimas elecciones con el término plebiscitarias, pero al final han decidido que no, que son tan ordinarias como las anteriores, y que una mayoría parlamentaria, que no ciudadana, les vale.

Nadie le hablará desde este punto de vista el porque un parlamento autonómico como el catalán está haciendo estas “medidas”. Le contarán algo sobre banderas, o sobre idiomas o de la historia, pero mientras, continuamos sin división de poderes y sin capacidad de elegir directamente. Hace falta más ciudadanía y menos parlamentarismo, sino, nos acabaremos arrepintiendo.