No creo en consejos generacionales

Esta semana se ha producido una manifestación que ha despertado mucho interés en todos, la de los jubilados por unas pensiones dignas. El seguimiento no fue nada desdeñable y el apoyo por parte de una gran mayoría de ciudadanos también ha sido notable. Feliz, y con asentimientos repetidos, me encontraba escuchando la radio que daba la noticia de la manifestación, cuando varios cortes en los que intervenían varios de los manifestantes me dejaron muy sorprendido. Algunos de los entrevistados se acordaban de las generaciones más jóvenes achacándole que no estuvieran, que dónde estaban e incluso uno de ellos decía que papá y mamá no iban a estar ahí siempre.

Me sorprendió un poco que la cadena, la SER para ser más precisos, incluyera estos cortes por encima de los que, también había, iban contra el gobierno, me llevó a pensar que era un pensamiento que quizás sí estuviera arraigado entre una parte de los asistentes, pero no le dí más importancia. Sin embargo, cuando entré en las redes sociales a lo largo del todo el día pude constatar que esta idea de una juventud paradita y carente de iniciativa se encuentra muy extendida, y no sólo entre nuestros mayores, sino también en el resto de generaciones.

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Imagen de la manifestación de Bilbao (El Correo)

Es una idea tan absurda, la de una generación (siempre algo difícil de definir, porque las generaciones tienen comienzos y finales tan difusos que se solapan unas con otras, pero oye, que aquí estamos todos muy seguro de todo) dando lecciones a otra, que me acordé de otro mantra muy extendido: la generación que ahora es pensionista permitió que el dictador Franco muriera en la cama (viendo esta columna de Javier Marías es algo que les duele). Es como si dicha generación de pensionistas le hubiera echado en cara a la anterior el no haber sabido llegar a una convivencia y haber creado una Guerra Civil. Es tan absurda esta idea que no merece ni explicación.

Por eso no creo en lecciones generacionales, ni en que ningún tiempo pasado fue mejor ni en que sólo los jóvenes protagonizaron el 15-M… En lo que sí creo es en los datos, y esos dicen que entre los jubilados, más de la mitad de ellos votan al Partido Popular, el partido que ha realizado la reforma de las pensiones cuyas consecuencias han llevado a esta manifestación. Esperemos que este malestar se refleje en las elecciones, por cierto, eso sí que sería una lección, pero de comportamiento social y compromiso político.

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¿Te acuerdas cuándo el PSOE era ETA?

El calor es la norma imperante en el país. El aire acondicionado del congreso trabajará duro hoy para que sus señorías no noten nada de lo que pueda llegar del exterior, al menos en cuanto a aspectos meteorológicos. Hoy hay debate de investidura.

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– ¡Cómo saca dorsales el bribón!

En lo que se presume otra investidura fallida, Mariano Rajoy, presidente en funciones sine die, no deja de alegar al bien de España para que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se abstenga y así se de paso a una legislatura presidida por él mismo.

Todo parece muy normal, un partido político que persiguiendo sus propios fines los esconde por el de los del país. Cómo digo, nada nuevo bajo el sol. Pero sí que me ha llamado mucho la atención que el Partido Popular (PP) quiera la abstención del PSOE, es decir, que quiera apelar al mínimo de entendimiento que se puede obtener en política. Un entendimiento que no se entiende, al menos si miramos sólo un poco hacía atrás.

Desde el 2004 hasta hace unos meses, el PP ha tachado al PSOE de ser muy débil con ETA, cuando no de estar cediendo ante la banda terrorista, cuando no de vincular una y otra vez al PSOE con ETA como si se trataran de lo mismo. Por lo tanto la duda surge: ¿cuándo mentía el PP, antes o ahora? Si lo hacía antes era gravísimo, pues lo intentó todo por alcanzar el poder. Si miente ahora es gravísimo, pues se alía con ETA para llegar al poder.

Yo tengo muy clara la respuesta de cuando mentía, lo que no tengo muy claro es que exista la memoria.

De debates y partidos

Los televisores se encenderán y emitirán esa luz extraña que hace que pequeños fogonazos y sombras se adueñen de los salones a oscura de los españoles. El debate político habrá comenzado.

Un nuevo debate político tiene lugar hoy, sí, otra vez, y no pasa nada porque se repita. Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Ciudadanos han dicho hasta la saciedad que se ha llegado a esta situación por culpa de Podemos; el Partido Popular (PP) que por capricho del PSOE; Podemos comenta que el PSOE es quien lo ha bloqueado… pero lo cierto es que si se ha llegado a un nuevo debate (entiéndase por extensión, a unas elecciones), es porque cada partido ha perseguido su propio interés. No crean eso de que los ciudadanos hemos enviado un mensaje de pacto a través de las urnas. Cada uno vota al que cree conveniente, nadie vota con una intencionalidad que vaya más allá de lo que signifique dar el apoyo a un partido. Eso es falacia barata creada a golpe de titular, inventada por tertulianos ávidos de conclusiones espectaculares, y secundada por políticos mediocres.

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Club de navajas por el poder.

Estamos ante unas nuevas elecciones porque los partidos políticos, como cualquier asociación conformada por personas, persiguen su propio fin. Esta obviedad ha sido pasada por alto por la gran mayoría, pero es tan sumamente grave, que merece una pequeña reflexión. Si un partido político persigue su propio fin, ¿dónde queda el interés común de todos los españoles? Si olvidan su función pública, ¿son por lo tanto constitucionales?

No es ninguna tontería. Los cuatro candidatos hablan siempre de la necesidad de conseguir escaños, como sea. Exponiéndose más o menos, urdiendo un plan de actuación en tal y cual debate, evitar ciertas palabras y poses, etc. Una especie de competición maquiavélica… con todo lo que dicho adjetivo significa (pocas personas han conseguido que su nombre de significado a una actuación concreta como consiguió Maquiavelo), pues ahora más que nunca, en época electoral, podemos ver como se hace palpable la célebre frase del estadista florentino: “El fin justifica los medios”.

No lo olvidemos, la democracia no son los representantes englobados en partidos con intereses propios, somos nosotros, los ciudadanos. No permita que le llamen votante.